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martes, 15 de marzo de 2011

Primero yo


Tengo la maldita costumbre

de luchar, sin medidas ni límites,

por aquello que quiero.

Pero cuando la razón de la lucha

es el obstáculo mismo para el triunfo,

el fracaso es inminente.

Pese a eso, no bajo los brazos ...

...

Solo desisto cuando

mi corazón queda en carne viva

y mi orgullo humillado, sin piedad.

En ese instante, recuerdo que

primero me quiero a mi misma,

por sobre todas las cosas

y antes que a cualquier persona.

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