
Ser consciente de lo frágil que es la vida,
hace que, inevitablemente, tiemblen mis manos.
Tengo una razón suficiente para vivir cien años
pero la vida es una hoja que puede desprenderla el viento
y, de solo pensarlo, mi corazón dá un vuelco.
Oh Dios, sé que mi vida depende de tu voluntad,
pero asegurame vivir hasta que sus alas puedan, lejos, volar...
Hola!!
ResponderSuprimirComprendo tu sentir, y es curioso, porque cuando lo pienso, al igual que tú, el corazón se hace pequeño.
Yo tambien le pido a Dios lo mismo...