
No conforme con que, mediante mis pruebas,
de tus acusaciones resultaba absuelta,
recurriste al habito humano por excelencia,
cerrar los ojos y taparte los oídos.
Solo de esa manera, lograste tu objetivo:
Condenarme a cadena perpetua.
de tus acusaciones resultaba absuelta,
recurriste al habito humano por excelencia,
cerrar los ojos y taparte los oídos.
Solo de esa manera, lograste tu objetivo:
Condenarme a cadena perpetua.
Querida Damalis, con el tiempo he aprendido que la única condena es la que se da una misma y a fin de cuentas uno es demasiado severa consigo misma, cuesta perdonarse. Pero así mismo, me hace sentido el verso de Benedetti "no te juzgues sin tiempo".
ResponderSuprimirUn fuerte abrazo